miércoles, 12 de noviembre de 2014

¿Las tecnologías son las que nos deshumanizan?





"No podemos hacer grandes cosas, pero si cosas pequeñas con un gran amor"
Madre Teresa de Calcuta




Empezar la entrada de hoy con esta cita tiene un propósito. Hace unos días una compañera de mi clase que estudia conmigo enfermería, me facilitó un escrito para que lo compartiese en este espacio y llegase a profesionales que actualmente asisten a pacientes. Primero expondré su carta y seguidamente realizaré una crítica con intención constructiva, no destructiva. 
  Soy una estudiante de cuarto año de enfermería, y me encantaría compartir con todo aquel que quiera mi experiencia. 
  El pasado jueves 06 de noviembre del 2014, tuve que acudir a urgencias por un dolor muy intenso en la zona sacra. Una vez entras en el hospital y te identifican, tienes que pasar por una sala de triaje donde te derivan al especialista correspondiente. En mi caso, me mandaron a un lugar donde habían un mínimo de 40 personas. Que mientras estas esperando piensas que eso es lo peor de ir a urgencias, pero al menos una persona ya va concienciada de eso, puesto que siempre se dice que se sabe a qué hora se entra pero no a qué hora se sale. Pero estaba completamente equivocada, lo peor no es esperar, lo peor es cuando te llaman por megafonía, abres la puerta y te encuentras con lo que vieron mis ojos.
      Una vez abres la puerta, te encuentras con un seguido de boxes, unos ocho aproximadamente, y a una enfermera a 50 metros de ti chillando tu nombre. Cuando te meten en el box que hay libre, simplemente te dicen: “espera un momentito que viene la doctora enseguida”. 
Sí, tardo 10 minutos en llegar, pero ni siquiera sabía mi nombre, ni lo que se iba a encontrar. Me pregunta el nombre, se lo apunta en una hoja donde hay aproximadamente unos 30 nombres más y me pregunta que me pasa, mientras me está haciendo la exploración entra una compañera y le dice que la estaba buscando y se ponen a hablar de cosas que no tenían que ver nada conmigo, sin darse cuenta de que estoy allí delante y seguramente no quiera saber. 
   Una vez acabada la exploración decide que no es cosa suya y que me tiene que venir a ver otro especialista. Estuve aproximadamente 40 minutos completamente sola, en una camilla que ni siquiera tenía una almohada para apoyar la cabeza y sin pasar en esos 40 minutos una enfermera a preguntar si necesito algo. Por suerte, mi acompañante al ver que tardaba tanto, preguntó por mí y le dejaron pasar, no obstante estuve esperando al otro especialista otros 40 minutos, eso sí al menos tenía una compañía.
   Cuando vino el otro especialista y me exploró, decide hacerme una radiografía. En el transcurso de esa radiografía, el box en el que estaba lo ocupó otra persona. Cuando acabé de hacerme la radiografía, me tuve que esperar en una sala de espera una hora entera, puesto que los médicos se habían ido a cenar. En el transcurso de esa hora, ninguna enfermera, vino a preguntarme si necesitaba algo, nadie se preocupó en si me dolía más o si me dolía menos y tampoco en ponerme en un sitio medianamente cómodo (puesto que iba con dolor de cóccix) y una silla o estar de pie no ayudaba a calmar el dolor. 
   Una vez me llama el doctor para darme los resultados, encuentro a un doctor medio estirado en la silla, sin ofrecerme una silla, la puerta abierta y un profesional sanitario (puesto que no sé qué cargo tenía), apoyado en la puerta. Además mientras el doctor me decía el diagnóstico, se iba sonriendo y me decía que no estaba seguro de si era eso o no. 
  Actualmente en la carrera estamos hablando sobre la deshumanización de los profesionales sanitarios hacia los pacientes por las nuevas tecnologías pero, realmente ayer me quedó claro que se deshumaniza si un profesional quiere. Todo depende de la actitud, de la vocación que tenga cada persona, porque  realmente ayer me sentí, en las 4 horas que estuve allí, abandonada y faltada al respeto.  
Natalia Bonnin


       Esta carta se puede analizar desde muchos puntos de vista. Hay profesionales que van a escudarse en la falta de recursos, otros en la carga de trabajo, otros en lo poco que nos pagan, etc... pero no podemos perder de vista que está en nuestras manos el trato que podemos dar a los pacientes. La marca que dejemos en las personas que pasan por nuestras manos. 
       
            Me quedo con el último párrafo de la carta de mi compañera Natalia. Desde la universidad nos hacen reflexionar mucho sobre como la inclusión de las tecnologías en el cuidado de los pacientes pueden llegar a deshumanizar nuestro trabajo asistencial, pero nos damos cuenta en la práctica, que no es la tecnología, es la propia motivación del profesional. 

         Para finalizar quiero compartir con vosotros este reportaje del país con algunos consejos y reflexiones que quizás puedan ser de utilidad.